Devocional

Pídele que te reste

La mayoría del tiempo solo queremos las adiciones de Dios y no las sustracciones. ¿Qué tiene de malo restar? ¿Qué tiene de malo quitar?

Uno de los más grandes problemas de las personas que decimos servir al Señor es que solo queremos sus bendiciones. Solo queremos que sume, sume, sume, sume, sume, sume y nunca reste. Sin embargo, ¿cuánta efectividad tiene tu relación con Dios su nunca le pides que te reste? La adición y la sustracción son clave para una relación efectiva con Dios.

No solo debes pedirle amor, sabiduría, paz, mansedumbre, benignidad, victoria, alegría, gozo, entre otros. Pídele que te reste. Entonces te preguntarás, ¿qué le pido que me reste?

1. Los deseos de la carne

1 Juan 2:16
Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. (RV-1960)

¿Cuáles son los deseos de la carne?

Gálatas 5:16-24
16 Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.
17 Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.
18 Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley.
19 Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia,
20 idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías,
21 envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a éstas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.
22 Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,
23 mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.
24 Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.

La carne desea hacer sus obras, ¿y estamos excentos de la carne? NO. Entonces, ¿la vamos a satisfacer y hacer lo que ella desee? Si no quieres satisfacerla, pídele a Dios que te de fuerzas y que te RESTE esos deseos. ¿Se irán del todo? Algunos sí y otros no. ¿Por qué Dios no nos libera completamente de todos estos deseos? Sencillo, si Dios te librara de todos estos deseos, no vivirías en constante lucha. Por lo tanto, dejarías de humillarte ante Él y te alejarías. ¿Lo dudas? Te daré un ejemplo. Imagina que Dios es un hospital y tú eres un enfermo. En el momento en que te sientes mal corres al hospital, pero cuando estás sano ni siquiera miras para allá. La mayor parte de las personas que no le sirven a Dios lo hacen porque creen que con sus propias fuerzas pueden hacerlo todo (falso). Mas si nosotros los cristianos dejáramos de batallar contra nuestra carne, dejaríamos de depender de Dios. ¿Por qué? El único que nos puede dar la victoria es el Señor, y si no hay batalla, no hay victoria. Lo que quiere decir que podríamos depender de nosotros mismos, porque no habría batalla espiritual que ganar. Lo que a corto plazo sería sumegirnos en pecado y a largo, perder la salvación.

2. Las raíces de amargura

Que no se te haga raro. MUCHAS personas que sirven al Señor TIENEN raíces de amargura. Yo las tuve por un tiempo, pero gracias a Dios ya no. Luego de eso he visto cómo el Señor me ha abierto nuevas puertas y me ha hecho entender cosas que antes no conocía. La falta de perdón te lleva a las raíces de amargura. Estas raíces no solo se forman porque envidias a alguien y le deseas el mal. También se forman si alguien te hiere de una manera incontrolable. Notarás que lo mirarás con repulsión y que falsamente sonreirás a su lado. NO TE DEJES ENGAÑAR. El hecho de que TÚ hayas sido quien salió herido NO significa que no guardes rencor o que no tengas que perdonar. No te digo que vayas directo a esa persona o personas que te hicieron ese mal, pero sí que vayas delante del Señor y que te reste una por una esas raíces. Te aseguro que el Señor moverá cada pieza para que ese perdón se dé.

Recuerda… tu vara y tu cayado me infundirán aliento”. La vara es utilizada para corregir y el cayado para acercar. Permítele al Señor corregírte a través de la sustracción y acercarte a través de la adición. Mezcla equitativa y perfecta.

La enseñanza es sencilla…

La resta no es mala. Al contrario, es sumamente necesaria para que tu vida espiritual no mengüe, sino que creza. Pídele a Dios que te reste.

¡DIOS TE BENDIGA!

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